jueves 11 de febrero de 2010

a snake returning

lo más triste que no podía saber que aquella sería su última madrugada y también darse cuenta de que ahí empezó a crecer en nosotros la herrumbre en los candados del alma y que seguimos sobreviviendo como maderos viejos carcomidos por las ratas los años y la humedad de nuestros propios desiertos hasta desvencijarnos y extinguirnos inevitablemente como cuando supe que jimmy había muerto y decidí darme una vuelta al red snake house la última si es que no lo han demolido pensé y lo encontré ahí en sus últimos días tan empequeñecido por el progreso de la ciudad tan sucio y sin cristales con miles de anuncios pegados y apestoso a orina de clochard y a soledad y a recuerdos y a abandono y yo pensé que qué tan lejos se habían quedado que ni en él se guardaban ya los rastros del olor a juventud y borracheras y a amigos y a peleas y a primeros besos y primeras novias y segundas y volvieron entonces a derrumbarse mis ojos con las luces de las patrullas los golpes las esposas y oí otra vez en el bullicio las palabras fuertes los cláxones los gritos y viví el caos de aquella noche y me dio escalofrío respirar el pasado yo que aún conservo los recortes de los diarios del día siguiente informando de los hechos con muchas imprecisiones con testimonios de transeúntes que se dejaron llevar por rumores y que nunca supieron lo que pasó en realidad pero no importa siguen conmigo porque en una de las fotos sale tom sentado en la parte trasera de una ambulancia con dos paramédicos sin saber que sería el primero en morir unos dos años después ni que su entierro sirvió de pretexto para el reencuentro fugaz de la famosa banda del snake depurada por el tiempo que se juntaría en silencio de entonces en adelante ya tan sólo en funerales pero ya ni eso porque hoy solamente a mí me alcanzó la vida para la reunión en la tumba del buen jimmy recordando que yo pagué la primer ronda de cervezas y que llegamos cuando estaba tocando una nueva banda de country que por dignidad no volvió a los escenarios y yo acababa de terminar con laura y llamé a los muchachos que me hacían falta pero a veces me pongo a pensar que si acaso hubiera ido con mi novia al cine y no al bar entonces no hubiera llegado a pasar y no hubiera forzado esta noche las cadenas oxidadas para entrar en este nido de serpientes del olvido del pasado tan lleno de telarañas y cochambre como estas botas mías que sólo vagan por la vida buscando el desenlace o la muerte que nunca llega como el tarro intacto que encontré bajo los restos de una silla en la que quizás alguna vez senté mis nalgas o mickey o jack the sleeper como le dijimos tantas noches como ésta en las que llegaba tarde o se quedaba sin aparecer al más apuesto del grupo al que me consiguió mi primer polvo que tal vez se llamara nancy o christine o acaso algún otro nombre de mujer que es lo de menos cuando lo que más es aquél punto lejano e irreparable en donde se me fue la vida o la dejé para dar paso a este ocaso tan rojo de hubieras y de achaques y despedidas interminables como la agonía del antro y de la serpiente y de la amistad y de la vida tras el veneno que emponzoñó a este lugar hace tanto y ni a él le importa ahorita y es lo más triste que no podía saber que aquella sería su última madrugada y también darse cuenta de que ahí empezó a crecer en nosotros la herrumbre en los candados del alma y que

(Cuento realizado para el taller literario que hago cada semana con mi buen amigo Pierre)


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© Giancarlo Santano Omaña
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México, 2009