jueves 17 de junio de 2010

Hoy casi hasta me siento nacionalista...

En 1862 la república mexicana logra una victoria en puebla sobre las tropas francesas que invadieron el territorio. Un año después —hecho no mencionado en los libros de texto— Francia derrota a la milicia nacional.
Después, por supuesto, al final de todas esas batallas, se mantiene Benito Juárez como presidente, en un tiempo obscuro de nuestra historia en el que ondearon el zócalo de la capital varias banderas, asesinando, en el cerro de las campanas de Querétaro, al duque austriaco Maximiliano de Habsburgo, manteniendo en sus manos el control político del país.
Podrá ser muy trivial lo que voy a decir, pero hoy, en un partido de fútbol —asunto por demás hipermoderno, en donde las confrontaciones diplomáticas han obtenido prestigio frente a las verdaderamente mortales— el equipo nacional derrotó a la selección Francesa por dos goles contra cero en Polokwane, Sudáfrica.
Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad inmensa de mexicanos que estuvieron en el estadio. El equipo de México parecía local. Gente de todos los estados de la república y de distintas clases sociales —más de 25,000— asistieron a un país y una ciudad a la que se llega con tantas horas de viaje —y dinero — como a china o a Japón.
¿Para qué? Para apoyar a un equipo deportivo.

Yo vivo en Morelia, la capital del estado de Michoacán, y justamente en la avenida principal de la ciudad —Francisco I. Madero, en el centro histórico—; durante el partido, en hora pico, el tráfico era inusualmente escaso, transitaban tres o cuatro vehículos por minuto cuando normalmente están atascados por el semáforo —de 1:30 pm a 3:30, las horas libres para comer—.
La parálisis de la ciudad era evidente y la unión de toda la gente indiscutible. Este país logró después de mucho tiempo —tal vez de cuatro años— estar unido con un fin común.
Lejos de la demagogia de las televisoras, la mayoría de mexicanos estábamos apoyando a nuestro país. Y no es que once jugadores en un estadio nos representen, es el hecho de que millones de personas que nacimos dentro de nuestras fronteras políticas hayamos estado juntos.
Por eso surge la pregunta. Después de la guerra sin fin en la que nos ha involucrado el presidente actual —guerra civil según la prensa extranjera—, con decenas de muertos diarios —aquí no vale ni siquiera la etiqueta de civiles o milicos/policías, sino de asesinatos constantes de seres humanos—, el congreso de la unión que lo único que no hace es representar al pueblo y cuando la suprema corte de justicia se muestra totalmente parcial a las instituciones gubernamentales —recuérdese, por dar el ejemplo más estridente, el caso de la guardería ABC— ¿Cuándo toda nuestra gente, la misma que hoy estuvo unida, se configurará como una sóla?, ¿cuándo, si hoy demostró que la unión es posible?
Sigo escuchando aquí afuera los cláxones festejando un triunfo —uno sólo, y futbolístico— ¿cuándo festejaremos el verdadero?
Hoy todos se sienten críticos de fútbol, hoy todos se sienten capaces de decir los errores y de decir que son muy chingones…
¿Cuándo nos sentiremos capaces de criticar no sólo el fútbol, sino lo que nos vuelve cada vez más pobres?, ¿Cuándo, nos uniremos a combatir los países que se roban en pénalty injusto los ingresos que todos nosotros producimos desde nuestra trinchera?
¿Cuándo los estudiantes universitarios, por ejemplo, alzaremos la voz ante las mafias sindicales que se aferran a mantenernos en la ignorancia?
¿Cuándo nuestro pueblo le va a exigir al gobierno lo que se merece?
¿Por qué sólo a una selección de fútbol?

Hoy casi me siento nacionalista, no por un resultado mundialista, sino por saber que nuestra cultura puede mantener una identidad sólida.
Pero hoy me sigo decepcionando de este país, porque se solidifica nada más cuando les conviene a cada uno; la selección nacional podrá verse como un equipo —y jugó como tal muy bien— pero, nosotros, como país, ¿hasta cuándo?

P.D. Por lo pronto me dará gusto ver a méxico avanzar en el torneo, simplemente por ver a la gente tan feliz como hoy lo está...

P.D. 2: El lugar de celebración de Morelia —la fuente de las tarascas— fue acordonado por la policía federal para evitar festejos. Fuente: Yo mismo, que vivo a tres cuadras de ahí. Es evidente lo que el gobierno quiere —no tener esperanza en nosotros mismos—. Y es triste que se impida celebrar cualquier fiesta legítima. Bravo por Felipe Calderón —quien lamentablemente nació en esta ciudad—.

Giancarlo Santano Omaña.


7 comentarios:

  1. íralo! muy cierto lo que dices Gianca, creo que la necesidad de un triunfo nacional en lo cultural y en lo político, en lo humano sobre todo nos hace grandísima falta. Lastima que una de las palabras que se están quedando sin sentido sea la de "hombre"

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  2. así es... sería tan chido que la selección avanzara más en este mundial, simplemente para ver alegría en este país, luego de tantos problemas...

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  3. ´Qué optimismo! Pero sí. En lo humano falta algo... o mucho.

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  4. Muy cierto! Aunque desgraciadamente creo que aunque la selección ganara el mundial (en un sueño demasiado irreal), no serviría de nada para cambiar la situación del país. La mentalidad del pueblo quizás se vería afectada y se podría cambiar eso del "Sí se puede" al "Sí se pudo" como dicen en los promocionales de "Iniciativa México" pero este país necesita algo más que un triunfo deportivo, necesita un cambio cultural.

    Vic Jasso

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  5. Ya mejor me voy a estudiar a otro país!! jajajaja pues sí, pero el cambio cultural no se ve venir por ningun lado... chale, hoy me sentía optimista y ahorita ya me siento igual que siempre...

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  6. El día que México gane el mundial, se derrotaría esa doctrina de la derrota que el mexicano ha llevado en sus venas por siglos. Ojalá.

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México, 2009